Lens es la capital del departamento francés de Pas-de-Calais, a orillas del Deule, muy cerca de la frontera con Bélgica. Hoy puede tener, aproximadamente, 150.000 habitantes. La base de su economía son las industrias siderúrgicas y metalúrgicas. Igualmente todo lo referente a construcciones mecánicas y tejidos. Allí, en ese ‘escondido’ poblado francés nació el 1º. de octubre de 1925, el campeón José Beyaert
De origen franco-belga por padre y madre, respectivamente, José Beyaert, desde muy temprana edad, recibió la decisiva influencia de su padre, quien le
inculcó un gran amor por el ciclismo, pues él -su papá- lo había sido con éxito en el campo profesional. Con escasos 22 años fue seleccionado para representar a su país en los Juegos Olímpicos de Londres. Los chequeos preliminares le otorgaron un puesto seguro en la sexteta francesa que finalmente viajó a la capital británica.
El día 12 de agosto de 1948 (estamos próximos a celebrar 58 años) es histórico en la carrera deportiva de José Beyaert. Ese día, en Londres, se tituló flamante Campeón Olímpico de gran fondo en carretera. Un furioso y sostenido embalaje en el kilómetro final, frente a seis compañeros de fuga, le permitió cruzar primero la raya de meta.
‘Cuando pasé la meta me pareció haber crecido, por lo menos, 20 centímetros. Sentí el mundo a mis pies. Creí elevarme sobre todos los seres’ recordó en una entrevista con Héctor Urrego Caballero, el notable pedalista galo.
Ya desde esa época Beyaert utilizaba gafas correctivas, las mismas que le hicieron tan popular en Colombia tres años más adelante.
El título Olímpico de Beyaert lo recibió toda Francia con júbilo indescriptible. El anterior campeón francés de ruta olímpica había sido Robert Charpentier, en los Juegos de Berlín, en el año de 1936, en polémico ‘sprint’ final con su compañero Guy Lapébie, a quien se dijo, sujetó por la camiseta. Charpentier, murió a la edad de 55 años en un hospital de los suburbios de París y siempre se defendió de la sindicación de tan antideportiva actitud.
José Beyaert fue el primer ciclista europeo, con título mundial, que se vinculó al ciclismo de Colombia. Su amistad con Roberto Serafin Guerrero (padre del otrora famoso piloto Roberto José Guerrero) y Julio Arrastía Brica, la cual comenzó en Londres en 1948, cobró buenos frutos para el deporte colombiano en septiembre de 1951. Beyaert recibió carta de sus dos amigos argentinos y de la Alcaldía de Bogotá, misiva en la cual le se invitaba a ser figura central de los actos inaugurales del velódromo ‘Primero de Mayo’ de la capital del país.
El campeón olímpico francés pisó tierra colombiana (aeropuerto internacional de Techo) el 4 de octubre de 1951. Había cumplido 26 años de edad, tres días antes.
Después de conocer a Colombia, José Beyaert se ‘amañó’ en nuestro medio. ‘Yo decidí -decía en alusión a la Vuelta a Colombia de 1952- correrla como preparación para mi temporada de ruta en Europa que comenzaría en febrero del 52’. Beyaert corrió la II Vuelta a Colombia con el patrocinio de la firma Automoto, que estaba gerenciada por otro francés, el dirigente Jorge Oganessof. Lo hizo a nombre de los colores deportivos del Valle del Cauca.
Con la misma divisa compitieron ese año figuras de la talla de Oscar Oyola, Juan José Medina, Jesús María Lozada y José Vicente Zapata.
Beyaert bien pronto mostró deseos de triunfo. Su primera etapa en Colombia la ganó el 13 de enero, cuando se cumplió la jornada entre Honda y El Fresno, trazado de 41 kilómetros, con tiempo de 2h-37m-02s. Aparentemente mucho tiempo para tan corto tramo, pero bien vale la pena tener en cuenta que hace 54 años las carreteras nacionales eran auténticos caminos de herradura.
‘La Vuelta a Colombia de 1952 -opinaba Beyaert- me hizo temer por mi futuro como profesional en Europa. Pensaba en el maltrato de mi organismo, pero no me resignaba a verme derrotado. Debo decir, sinceramente, que deseaba fervientemente una caída, para justificar mi retiro. Pero el solo hecho de imaginarme entre semejante cantidad de piedra, barro y polvo, me hizo desistir de la idea. Era mejor seguir.
‘Quizás lo más impresionante para mí en esa Vuelta, fue la muestra de valor que dieron los ciclistas colombianos de esa época. Yo creo que ellos me enseñaron a ser valiente...’
Al final Beyaert ganó la II Vuelta a Colombia, con ventaja de 6 minutos y 24 segundos, frente al argentino Humberto Varisco. Un año más tarde, en 1953, salió sub-campeón, pero con un retardo amplio de 1h-16m-17s frente al antioqueño Ramón Hoyos Vallejo, quien inició así una hegemonía absoluta a lo largo de un lustro.
Su activa participación en la Vuelta se prolongó hasta el año de 1955, cuando corriendo por el departamento del Tolima, se ubicó al final en la octava casilla, escoltando a toda la ‘licuadora antioqueña’, famosa en ese tiempo. En sus cuatro participaciones en la Vuelta a Colombia ganó un total de 10 etapas, la última de ellas en la hoy turística población tolimense de Melgar.
Siendo aún ciclista en actividad, José Beyaert asumió el cargo de director técnico del equipo de ciclismo de Colombia, designación directa que recibió del Presidente encargado de la época, Roberto Urdaneta Arbeláez. Su primera ‘hazaña’ como estratega, fue llevar un equipo criollo a la denominada ‘Route de Francia’, en el año de 1953. El equipo lo integraron Ramón Hoyos, Efraín Forero, Héctor Mesa Monsalve, Oscar Oyola, Fabio León Calle y Mario Montaño. Quedaron fuera de carrera desde la primera etapa.
En 1958, Beyaert fue técnico de uno de los primeros equipos de marca que aparecieron en el panorama deportivo del país. Lo conformaron Jorge A. Luque, el famoso ‘Aguila Negra’, Pablo Hurtado, Roberto ‘Pajarito’ Buitrago y Luis A. Silva. Precisamente en la carrera de ese año se presentó la famosa ‘drogada’ del boyacense Buitrago, cuando se cumplía la etapa entre Medellín y Riosucio, hecho que durante muchos años motivó acaloradas polémicas en el mundo del ciclismo colombiano.
También le correspondió a José Beyaert el honor de dirigir los destinos de Colombia en los Juegos Olímpicos de Roma, en el año de 1960. En la ruta individual integró un equipo de postín con Ramón Hoyos, Hernán Medina Calderón, Rubén Darío Gómez y Pablo Hurtado. Al sortear el escuadrón quedó por fuera ‘Pajarito’ Buitrago. Los mejores latinoamericanos, al final de la dura carrera, fueron ‘El Tigrillo’ y el ‘Príncipe Estudiante’, como quien dice Gómez y Medina. A ellos se unió en el remate final el venezolano Farinez Chirinos. Esa fue la XVII Olimpiada Mundial.
A finales de ese mismo año de 1960, Beyaert, como técnico, alcanzó a nivel internacional su mayor satisfacción dirigiendo ruteros colombianos. Se hizo presente en la X Vuelta México, con una cuarteta compuesta por Rubén Darío Gómez, Hernán Medina Calderón, Luis Alberto ‘Terremoto’ Muñoz y Eduardo Bustos. Colombia redondeó una ‘moñona’ histórica. Fue campeón por equipos, superando al experimentado equipo de Uruguay por 35 segundos. Hernán Medina se consagró campeón de los pasos de montaña y Rubén Darío Gómez, en final electrizante, alcanzó el sub-campeonato de la Vuelta, con retardo de un minuto y 37 segundos frente al vencedor, el indio azteca Porfirio Remigio, quien contó con la ‘ayuda’ de una sanción impuesta a Rubén Darío, en desarrollo de una de las etapas de la prueba. El mismo Remigio triunfó cuatro años más adelante, frente a ‘Cochise’ Rodríguez, por escasos 11 segundos.
A nivel doméstico, por así decirlo, José Beyaert también saboreó las mieles de la victoria como estratega. En el año 1969, antes de iniciarse la hegemonía de Rafael Antonio Niño, dirigió el equipo de Relojes Pierce, del cual era gran mecenas Neftalí Pedraza. Al final fue campeón su pupilo, el cundinamarqués Pablo Hernández, veterano de mil batallas. El ciclista del altiplano aventajó por algo más de 11 minutos a Martín ‘Cochise’ Rodríguez, en ese tiempo ya cuádruple vencedor de la Vuelta.
Curiosamente, Hernández inscribió su nombre como el primer campeón de la Vuelta, sin ganar una sola etapa.
Haciendo alusión a ese triunfo, José Beyaert, siempre muy señor, manifestó: ‘Ese no fue un triunfo de José Beyaert como entrenador. Fue un triunfo de Pablo, por su preparación, constancia y deseos de superación. Yo no me jacto de esa victoria. Los campeones nacen, no se hacen. En el caso de Pablo Hernández yo sólo me limité a guiarlo durante la Vuelta y contribuí para que todo saliera bien’.
José Beyaert, un francés de nacimiento pero colombiano de corazón, ya cargado de años, regresó a tu patria natal. En ella murió a comienzos del 2005.