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El juego perfecto de Mark Burhle

La engarzada de Dewayne Wise sobre el batazo de Gabe Kapler, algo que no se da todos los días en el béisbol
Antonio Andraus Burgos.

Antonio Andraus Burgos.

Mark Burhle suspiró profundamente, quizás mucho más de lo acostumbrado cuando en momentos en que le empalman una oferta busca la pelota caer en terrenos de nadie, como tantas veces le ha ocurrido anteriormente. Y eso que, sólo minutos más tarde, fue cuando se enteró de que la esférica casi que se le sale del guante a Wise, que de haber ocurrido, se rompía la posibilidad de acreditarse el décimo octavo Juego Perfecto en toda la historia de las mayores, el décimo sexto de la era moderna, y el segundo del nuevo Milenio.

Todo eso para explicar, de entrada, lo que vale, representa y significa lanzar un Juego Perfecto en el Béisbol Organizado.

Dice el reglamento, que se le acredita un Juego Perfecto a aquél lanzador que trabaja los nueve episodios de un encuentro, donde su novena resulta ganadora, y él no permite, bajo ninguna circunstancia, que un bateador llegue a las almohadillas, bien sea por una base por bolas, por un error cometido a la defensiva por uno cualquiera de sus compañeros de equipo, por un golpe que sea propinado por un lanzamiento equivocado al bateador, o simplemente, por producirse una interferencia, lo que significa, ni más ni menos, que tiene que librarse de los 3 bateadores en turno de cada entrada de los nueve episodios, para sumar los 27 outs del juego, y, desde luego, que ninguno de los bateadores alcance el primer cojín, por un inatrapable.

Pues bien. Eso ni más ni menos es lo que hizo el siniestro serpentinero de los Medias Blancas de Chicago, Mark Burhle, el jueves 23 de julio de este 2009, en el estadio ‘’U.S. Cellular Field’’ de Chicago, ante 28.036 aficionados debidamente sentados en el parque de pelota, frente a los actuales campeones de la Liga Americana, los Rayas de Tampa, al ganarles por tablero de 5 carreras por 0, cubriendo el recorrido de nueve entradas pintándoles de blanco toda la pizarra.

Burhle, quien a sus 30 años se muestra tan sólido como cuando debutó cuando apenas llegaba a sus 20 abriles de edad, laboró magistralmente desde la loma de los sustos, y vino a percatarse, según lo comentó más tarde, de la hazaña a la cual se aproximaba, cuando cerró el séptimo episodio, en el momento en que colgó el último out de ese episodio.

El zurdo de los Medias Blancas, que el 18 de abril de 2007 lanzó un partido sin imparables ni carreras, estuvo a punto de haberse acreditado un Juego Perfecto en esa jornada, pero pese a que apenas se enfrentó a los 27 bateadores oficialmente señalados en el encuentro, no alcanzó a ungirse el juego como tal, porque le otorgó una base por bolas a Sammy Sosa, en el quinto capítulo, de ese partido de su equipo frente a los Rancheros de Texas, aun cuando el astro dominicano fue puesto out en una jugada de doble-matanza un poco más adelante. Pero ya la mancha estaba escrita en los libros de anotaciones. No podía ganar el compromiso como Juego Perfecto porque había llegado un bateador a la primera almohadilla.

En este desafío al que nos estamos refiriendo ahora como Un Juego Perfecto, Burhle ya sabía que al subir a la loma de los suspiros en la apertura de la novena entrada tenía entre sus lanzamientos, la oportunidad no solo de acreditarse el compromiso, sino que adicionalmente su nombre podía quedar grabado en la historia de las Grandes Ligas, si lograba dominar a los tres bateadores que le hacían falta para concluir el encuentro.

El estratega de los Medias Blancas, el venezolano Ozzie Guillén, como ya es su costumbre, siempre busca mejorar su defensiva cuando un choque está cerrado y su equipo está en ventaja, colocó como patrullero del bosque central a Dewayne Wise, el jardinero zurdo que tiene extraordinarias habilidades defensivas, abriendo el noveno, para desplazar a Scott Podsednik, el regular guardabosques central, hacia los jardines de la izquierda.

Burhle abrió la entrada frente a Gabe Kapler, el séptimo hombre en turno al bate en la alineación de los Rayas de Tampa, un veterano de más de 10 temporadas en las Grandes Ligas, y éste le empalmó una oferta que salió en busca de las graderías del bosque central del estadio. Wise se le colgó al batazo hasta cuando alcanzó a capturarlo, atrapándolo en el último instante, cuando la pelota iba camino a sobrepasar la barda final, engarzándolo con la punta de su guante, de donde la esférica intentó salirse.

Fue quizás el momento más angustiante para Burhle, quien en ese instante, ya sabía lo que le deparaba la historia si colgaba esos tres outs de la apertura de la última entrada del compromiso. Wise confesó seguidamente a la prensa, que ciertamente la pelota estuvo a punto de caérsele, pero que la aseguró de tal manera, que nerviosamente y titubeando, pudo sostenerla entre su guante.

Burhle colgó los otros dos outs sin mayores complicaciones, y esta de manera le fue acreditado el partido con la etiqueta de Un Juego Perfecto, el segundo que se compila en este nuevo Milenio, pues ya el astro zurdo Randy Johnson se apuntó un trabajo similar, en la victoria que tuvo defendiendo a los Cascabeles de Arizona, para liquidar a los Bravos de Atlanta el 18 de mayo de 2004, con una actuación similar.

Con la victoria de Burhle ese día, su anotación en el 2009 llegó a 11 triunfos y 3 derrotas, para 3.28 de carreras limpias por juego, con 134 episodios lanzados, 122 incogibles permitidos, incluyendo 17 ‘’bambinazos’’, 49 carreras limpias de 52 aceptadas; con 76 ponches propinados y 26 bases por bolas otorgadas.

El espigado zurdo de los Medias Blancas, quien mide 1.88 metros de estatura y pesa normalmente 230 libras, tuvo que efectuar 116 lanzamientos para conseguir la victoria, 76 de los cuales fueron sobre la zona buena, en una tarea de dos horas y tres minutos, tiempo que demoró oficialmente el desafío, llegando a los anales de la historia de las mayores cuando apenas acaba de cruzar los 30 años de edad, que los cumplió el pasado 23 de marzo. Vale la pena resaltar, adicionalmente, que es la primera vez en más de un siglo de competencia del béisbol de las mayores, que la actuación de un lanzador para anotarse el Juego Perfecto fue hecha utilizando los servicios de su compañero como receptor, con quien por primera vez actuaba detrás del pentágono. Se trata del boricua Ramón Castro, quien viniendo de la novena de los Mets de Nueva York, por primera vez actuaba detrás del plato para recibirle las ofertas Burhle desde su llegada a los Media Blancas de Chicago.

En su carrera de diez temporadas en el Béisbol de las Grandes Ligas, Mark Burhle tiene un registro de 133 triunfos y 90 derrotas, a la fecha en que alcanzó el Juego Perfecto, para un promedio de 3.76 carreras limpias por juego de por vida, en una manifestación de su calidad serpentinera, y de ser uno de los que contribuyeron a la victoria en la Serie Mundial de los Medias Blancas en el 2005, después de una fantástica campaña de todos los integrantes de la novena, guiados por el estratega venezolano Ozzie Guillén.

Por cierto, los Medias Blancas de Chicago hasta el momento de escribir estas líneas, tienen todo a su favor para esperar con tranquilidad una nueva oportunidad de poder llegar a la jornada de la postemporada de la Liga Americana, si las actuaciones de los últimos días se siguen repitiendo con aires victoriosos.
Antonio Andraus Burgos, 26 de mayo de 2010

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