En un partido a duras penas aceptable, mejor calificarlo de mediocre, el equipo de Sudáfrica, clasificado por derecho propio al Mundial de su país, superó a su similar de Colombia por 2-1, marcador logrado con base en tres (3) tiros penales, de los cuales ninguno fue legitimo, pues si los dos castigos a favor de los dueños de casa fueron voluntad de un nigeriano disfrazado de árbitro, la falta contra Adrián Ramos, jamás existió por parte del portero Khune. Ramos saltó sobre él y simuló haber sido obstruido desde la grama por el surafricano.
Ante un estadio colmado, los pupilos del técnico brasileño Carlos Alberto Parreira demostraron muy poco, tratándose de un equipo que está en la final mundialista 2010. De no contar con la ayuda arbitral, que siempre se brinda al local, para que pueda llegar a mejores instancias, (aspecto de la FIFA camufla muy bien) es bastante difícil que Sudáfrica supere a México, Uruguay y Francia.
El equipo de Colombia, para ser una improvisación de última hora, no lo hizo del todo mal. Peleó el partido en todos los sectores, pese a bajar la guardia después del segundo regalo arbitral (penal). La colaboración de Hugo Rodallega en los minutos finales fue muy positiva.
Gracias al portero suplente Joseph, quien entró para la fase final, el equipo anfitrión obtuvo la victoria, pues salvó en los minutos finales remates a gol de John Valencia y Hugo Rodallega en dos ocasiones.
Es de suponer que con mayor tiempo de preparación para este fogueo internacional, más traída de los cabellos que otra cosa, el equipo colombiano habría dado buena cuenta del seleccionado Sudafricano, que al menos por lo advertido hoy, el único mérito que tiene para estar en la Copa es el hecho de ser dueño del patio.
Y así serán varios seleccionados. Hecha la salvedad de 10 ó 12 equipos en el Mundial, lo demás es un auténtico relleno futbolero, donde por razones lógicas debe imperar la mediocridad, claro está que disimulada con el cuento de que se está en la máxima cita del balompié.