Estamos en el mes y el año del Mundial de Fútbol, manifestación deportiva que cuente o no con la presencia de Colombia, capta la total atención nacional, gracias al prodigio de las comunicaciones de nuestro tiempo.
Las tres primeras Copas del Mundo, poca o ninguna importancia tuvieron para los escasos aficionados de la época. Hacia 1930 y algunos años más, en el medio colombiano el fútbol era una manifestación deportiva muy elemental, auspiciada por algunas ligas regionales, planteles educativos o grupos aislados de aficionados.
A lo anterior se suma que la prensa de 70 o más años hacia atrás, estaba lejos de tener páginas deportivas. Y peor la radio, ni sospechas de las grandes Cadenas de la actualidad.
Cuando el Campeonato Mundial de Fútbol volvió a tener vigencia en 1950, luego de un receso de 12 años, motivado por los hechos de la II Guerra Mundial, ya en Colombia el balompié tenía, al menos ‘tarjeta de identidad’, pues como actividad profesional había comenzado con cierta organización en agosto de 1948, año en el cual Santa Fe alcanzó el primer título.

Pero aún así, el interés por el Mundial de 1950 en Brasil, cuando Colombia estaba ligeramente por encima de los once millones de habitantes, fue relativo. Y coincidió esa IV Copa Mundo con el pleno apogeo, en nuestro medio, de la denominada época de ‘eldorado’. Los aficionados no sabían ni entendía nada diferente a lo relacionado con Adolfo Pedernera, Alfredo D’Stéfano, Angel Perucca, René Pontoni, Valeriano López, ‘Vides’ Mosquera, Efraín ‘Caimán’ Sánchez, etc. Eran los auténticos ídolos del pueblo. La programación del torneo profesional no sufría aplazamiento de ninguna naturaleza, así en campos del Brasil estuvieran de moda Schiaffino, Ghiggia, Friaca, López Fretes, Tejera, Schubert Gambetta, etc. No se contaba con la ‘caja mágica’ y al menos de físico, eran perfectamente desconocidos.
Así por ejemplo el domingo 16 de julio de 1950, fecha histórica por el terrible ‘Maracanazo’ de Uruguay a Brasil, la V fecha de la II ronda del campeonato local se jugó normalmente. Ese día en el viejo estadio ‘Romelio Martínez’ de Barranquilla, dos equipos hoy ‘difuntos’ Sporting de ‘La Arenosa’ y Boca Junior de Cali igualaron a tres goles, mientras la capital del Valle presenció lo que sí era un ‘clásico’ entre Deportivo Cali y Santa Fe, que terminó con triunfo del equipo verdiblanco por 2-1, goles de Fernando Walter y Antonio ‘Conejo’ Vilariño, ambos argentinos.
Dentro de esa atmósfera deportiva apareció el primer gran Album de Fútbol en Colombia. Se denominó inicialmente ‘Caramelos Crack’ y luego ‘Album Crack’. Con esa cartilla entre las manos, qué Mundial ni qué Brasil. El verdadero Mundial estaba dentro de las fronteras patrias.
Además de muchos de los equipos que hoy subsisten, el álbum tenía páginas dedicadas a conjuntos ya desaparecidos como Atlético Municipal, hoy Nacional, Boca Junior, Deportes Caldas, con el primer lituano de categoría que llegó al país, el golero Vitatutas Kriscuonas, Huracán, Once Deportivo, Universidad Nacional y Sporting. Estos siete equipos y nueve más, llenaban hasta las banderas los diversos estadios (léase potreros) de Colombia, domingo a domingo.
Pero ¿cómo surgió esta auténtica ‘joya de la Colonia’ para quienes han sido amantes de la colección de figuras del deporte ?
En el transcurso del año 1949 llegaron al Deportivo Cali los argentinos Luis Antonio Ferreyra, procedente del River Plate y Manuel ‘Colorado’ Giúdice del Platense, defensa y volante, respectivamente. Pues bien, los citados jugadores, además de su vinculación deportiva con el equipo, decidieron hacer de ‘empresarios’ y montaron la sociedad Crack & Cía. Ltda. En la Imprenta Lito-Ramos, propiedad del ex Gobernador del Valle, Mariano Ramos (ejerció como mandatario entre el 18 de agosto de 1942 y 30 de marzo de 1944) montaron la impresión de las famosas ‘monas’ o láminas, 60 años atrás. Estaba ubicado ese gran taller en la carrera sexta con calle 22, pleno sector de San Nicolás, como muy bien lo tiene presente el gran ‘Upa’, Humberto Palacios, ex gerente del Deportivo Cali, fiel guardián de uno de tales álbumes.
Las oficinas principales, en pleno centro de Cali, carrera 8ª número 10-70. Desde ese lugar, distribución a todo el país. Valor del álbum, ‘cuantiosos’ 10 centavos.
Cada ‘mona’, con la imagen del jugador, chambonamente ‘iluminada’ con color en su camiseta, tenía un tamaño de tres por cuatro centímetros, utilizando como material un papel que tenía más características de cartulina. Por el lado impreso, abrazaba una banana redonda, que por acción del calor, en los climas cálidos, tendía a derretirse y consecuentemente impregnar de dulce la imagen y mancharla. ¡Qué desastre, por no decir hecatombe… tan terrible! Cada equipo, en su página, tenía numeración de 1 a 16.
Como esas ‘monas’ estaban años luz de ser las sofisticadas láminas de los Mundiales de nuestro tiempo -es decir álbumes Panini- había qué saber de fútbol para pegarlas correctamente con engrudo (almidón de yuca) o goma arábica (ni idea del material adhesivo). Si no se conocía la alineación se corría el riesgo de pegar el ‘wing’ (puntero) en el puesto del ‘goalkeeper’ (portero) o el ‘foward’ (delantero) en el lugar del ‘full back’ (defensa). Por ello no era extraño ver al portero boquense Edgar Barona de delantero o al ‘Diablo Rojo’ peruano, Gómez Sánchez, de defensa.
Quedan muy pocas ‘joyas’ de esa hermosa, casi mitológica e inolvidable época de Caramelos o Album Crack. Algunos aficionados lograron coleccionar todas las figuras con el correspondiente autógrafo. Una ‘hazaña’ ciertamente envidiable.
Caramelos Crack… Caramelos Crack… Caramelos Crack. ¡Qué grato evocarlos! Para muchos de nosotros están unidos mentalmente a la ‘visa de entrada’ de nuestra conciencia, en la denominada edad del uso de razón… Algo así como 22.500 días.