Hace un cuarto de siglo, pese a estar el Palacio de Justicia de Bogotá en llamas, en todo el frente del Capitolio Nacional de Colombia, la primera fecha del octogonal de fútbol, por el título profesional de aquel año se cumplió sin contratiempo alguno.
En Cali, el equipo verdiblanco superó al Atlético Bucaramanga por 4-0; en Medellín Atlético Nacional perdió con América 0-3; en Barranquilla igualaron Atlético Junior e Independiente Medellín a dos (2) goles. Y en la capital del país, en el estadio Nemesio Camacho ‘El Campín’, ubicado exactamente a 47 cuadras del epicentro de uno de los hechos más dolorosos e impunes de la historia nacional, Millonarios derrotó a Unión Magdalena por 2-0, anotaciones del cuadro ‘Embajador’ logradas por Juan Carlos Díaz -ahora en el 2010 técnico del Cúcuta Deportivo- y Juan Gilberto Funes (ya fallecido) con el beneplácito y ‘miopía’ del árbitro Reyes.
En ese entonces el técnico de Millonarios era el gaucho Eduardo Luján Manera (ya fallecido) y el entrenador de Unión Magdalena el samario Eduardo Julián Retat.
En una determinación poco usual, pues en ese tiempo los partidos de torneo profesional no eran transmitidos por la televisión, el juego entre ‘Embajadores’ y ‘Bananeros’ se pudo apreciar a través de la pantalla chica, siguiendo instrucciones de la entonces Ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín Posada, subalterna de ‘bolsillo’ del presidente Belisario Betancur Cuartas, quien sin ninguna autoridad y don de mando, siguió las 27 o más horas de holocausto, desde las ventanas del Capitolio.
Por este hecho, aquel juego de campeonato pasó a ser parte de la historia del fútbol nacional.
Una circunstancia triste y lamentable a todas luces. Pero en Colombia es usual bailar, rumbear, festejar, sobre el duelo, las lágrimas, las lamentaciones de buena parte de la población de la ‘otra’ nación.
Ese hecho del Palacio no pasó a mayores, en su momento, ‘gracias’ a la dolorosísima tragedia de Armero, ocurrida pocos días después, ya que la muerte de 2.500 o más personas, sepultó lo acontecido en plena Plaza de Bolívar. Como quien dice que a más de uno, para ‘salvar su responsabilidad’, se le apareció la Virgen. Y perdón con la Divina Madre…