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Hace más de 60 años en la selva amazónica

Jose Kaoro Doku

"la cancha popular de Leticia me sirvió de trampolín al fútbol profesional colombiano"
A mediados de noviembre del 2010, el ex jugador del Santa Fe de Bogotá José Kaoro Doku concedió una entrevista a Hernán Peláez para su programa Café Caracol de los sábados. Ante la pregunta del periodista cómo había hecho para llegar al Santa Fe, respondió: “Salí de Cartagena en un buque llamado el Cúcuta, un buque de transporte que estaba en tan malas condiciones que al final lo dejaron en Leticia. Allá, por supuesto, en esta población el fútbol era fiebre porque ya se hablaba del Leticiano Guzmán y allá había una buena cancha. Es decir la distracción mía era jugar fútbol, había un pueblo del Brasil y alguno del Perú. Internamente, pues, había mucho fútbol. Entonces cuando sacaron la tripulación porque al buque ordenaron dejarlo en Leticia, entonces me sacaron a mí y me trasladaron a Bogotá”. Y la misma fue base para el siguiente texto.

En efecto, el ex jugador José Kaoro, hijo de japonés y madre colombiana, llegó a Leticia en julio de 1948, año en el cual el Leticiano Guzmán ya se encontraba jugando en el Cali A, hoy Deportivo Cali, y vinieron a conocerse en esta ciudad en el marco del primer año del fútbol profesional colombiano, cada uno defendiendo su club. Debe recordarse que el primero se desempeñó en el puesto de defensa en el lado izquierdo y siempre acompañado de su tradicional pañuelo sobre la frente, mientras que el jugador amazonense lo hizo como alero derecho con la camiseta número 7.

¿Pero cómo llegó al Amazonas el jugador usiacureño? Tal como lo dijo, el ex futbolista llegó a Leticia en el viejo buque Cúcuta de la Armada Nacional, embarcación que trajo a la ciudad la maquinaria y los materiales para la construcción del aeropuerto de la ciudad. Su partida se dio en Nueva Orleans en los Estados Unidos y tuvo que emplear 56 días para pisar territorio amazónico en el mes de mayo, pero acá hubo que abandonarlo porque no dio para más. Aquí se encontró con un segundo barco que también había cumplido una función similar: el Cabimas. En el primer intento que se hizo, en febrero de 1948, la embarcación tuvo que regresar a Cartagena por daños ocasionados en un encallamiento en Puerto Colombia, muy cerca a Barranquilla. Recuerda que los sucesos ocasionados por la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán los vivió en esta ciudad. Nos dice que fue más un auxiliar administrativo que militar de tiempo completo y que cuando ingresó a la institución castrense, en 1943, ya se destacaba como un jugador de primera categoría en el fútbol barranquillero.

Con su memoria intacta a sus 78 años nos recuerda: “Yo llegué a la edad de 24 años y en el ambiente se respiraba mucho deporte, entre ellos el fútbol y el basquetbol, con equipos bien organizados. Y para nosotros el fútbol era el pan diario. A excepción del lunes jugábamos todos los días, en el horario de 3 a 6 , pero cuando el partido era bravo lo extendíamos hasta las 7 de la noche. Primero jugábamos entre los mismos miembros de la tripulación de los cuatro barcos militares establecidos en Leticia como eran el Cabimas, el Cúcuta, el cañonero ARC Cartagena y el Sancho Jimeno y luego intercambiábamos con los clubes leticianos y finalmente con el equipo del cuartel de Tabatinga (Brasil) y algún equipo peruano; pasábamos la frontera o remontábamos el Amazonas y ahí estaba jugando, defendiendo los colores de la Armada. En ese entonces la ciudad contaba con un estadio con todas las comodidades de cualquier ciudad colombiana: La cancha popular, que estaba muy cerca al río; espacio que en el fondo me sirvió de trampolín para saltar al balompié profesional colombiano, primero jugando por el Santa Fe (de 1948 a 1951) y luego por Millonarios en 1953”.

Uno de los leticianos que más contacto tuvo con él fue el veterano y eterno jugador Héctor Peruca Rojas a quien le decía Pelao: “Ajá, pelao, vienes por la ropa o qué” o ¿Entonces qué, pelao?” En esos días Héctor tenía 10 años y era el que llevaba y traía la ropa del militar que lavaba su abuelita Elisa Ramos vda. de Rodríguez, quien alcanzó a vivir más de los 100 años. Nos dice: “El japonés, junto a sus amigos Figueroa y Pino, se la pasaba mucho en la casa, sobre todo los fines de semana, porque además de frecuentar a mi mamá Nair también lo hacía con mis tías Juana y Ana. Hablaban, hablaban y a las diez y media se iban, porque la luz del pueblo la quitaban a las once de la noche. Para entretenerse en esas dos o tres horas se la pasaban tomando limonadas o gaseosas de la fábrica El progreso y degustando ponquecitos que vendía doña Simona a 50 centavos. Era muy dado a la jocosidad, muy risueño y respetuoso. Como buen jugador, porque se le notaba la calidad a distancia, jugaba de puntero izquierdo, porque en esa época los malitos o los troncos o los chambiras jugaban en la defensa o como arquero”.

Continúa el ex santafereño: “A pesar de que no tomé agua del río Amazonas, el trato de la población conmigo fue maravilloso, sobre todo de la familia Rodríguez Ramos. En ese entonces, aunque Leticia era una población en pleno desarrollo había un ambiente muy agradable. Y por ello poco a poco me fui amañando y cuando me vieron feliz y contento, me amenazaron con trasladarme a Buenaventura. Permanecí tres meses y traté de justificar mi permanencia en el sentido de que la gente de Armada Nacional me necesitaba en la triple frontera, ¡pero qué va!, me llegó la orden de traslado, pero afortunadamente era para Bogotá. En julio me embarqué en una catalina a la capital y allá en esos días de aburrimiento por el frío me dio por pasear por sus calles y para sorpresa mía me encontré con Roberto Perro Gámez, compañero de equipo del Nariño de Barranquilla. Una de sus primeras preguntas fue: ¿Qué hubo, estás jugando? Sí, estuve jugando pero en Leticia, en el Amazonas. Cuando vino el final de la conversación, convencido de que éste haría parte del conjunto albirrojo, le aseguró: “ José Kaoru, contigo el Santa Fe será campeón”.

Y el Santa Fe fue campeón del primer torneo del fútbol profesional colombiano, pero su último partido lo perdió con el Deportivo Cali en Cali y el autor del único gol ¡qué coincidencia! fue precisamente de Liborio Leticiano Guzmán, quien también había salido de la Cancha Popular de Leticia.

El Relator de Cali de diciembre 20 de 1948, lo describió así: “(…) a los 32 minutos de iniciado en un avance espectacular, Tanque Ruiz le cede la bola Reubens, éste retrasa a Severiano, quien a su vez la pasa a Lobatón, que sirve en bandeja de oro un centro a Guzmán que toma descolocado a Chonto y decreta así la única caída de los cardenales.
Alejandro Cueva Ramírez, 18 de enero de 2011

Comentarios

rodrigo gomez / new castle,DE (usa)

13-05-2011 11:03:57 pm

interesante nota y que aporte historico desconocido para el 99.8% de la gente. felicito a la gente del arcotriunfal.com por contarnos tantos detalles desconocidos que hacen de la historia nunca contada.
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