Mal contados, estamos a escasos cinco (5) meses de inaugural en la ciudad de Barranquilla, capital del departamento del Atlántico, el Campeonato Mundial de Fútbol en la categoría Sub-20. Un honor que se ganó la ciudad norteña del país, denominada también ‘La Puerta de Oro de Colombia’.
Pero si bien los estadios del país ya empiezan a lucir sus mejores galas arquitectónicas (el Metropolitano de Barranquilla es una muestra de ello luego del ver el partido de Copa Santander Libertadores entre Atlético Junior y Gremio del Brasil) no ocurre lo mismo con la cultura ciudadana que debería regir al momento de acudir a un escenario deportivo.
Después de las doce de la noche del pasado jueves, el bus que transportaba a los jugadores del Gremio, fue apedreado por desadaptados, antisociales, escoria humana, que está matando el fútbol como espectáculo de multitudes.
Hasta cuándo diablos… hasta cuándo diablos… sí por tercera vez, hasta cuándo diablos, a ciencia y paciencia de las autoridades municipales, los delincuentes que asisten a los estadios y demás centro deportivos del país, camuflados, disfrazados de seguidores de una divisa, de hinchas, de miembros de ‘barras bravas’ van a seguir sembrando el caos, el desorden, la ley de la selva ?
Después de cada asesinato de un aficionado (venimos de vivir el triste final de un adolescentes después del partido de campeonato entre Millonarios y Once Caldas en el estadio ‘El Campín’) las autoridades locales -pues el caso no es sólo en Bogotá, también otras capitales del país- salen a rasgarse las vestiduras, a iniciar exhaustivas investigaciones que concluyen con ridículas detenciones de pocas horas. Al siguiente partido están en las mismas.
Pareciera ser que Colombia, con sus autoridades a la cabeza, con los dirigentes del futbol en general no hubiese entendido la dimensión del compromiso que está a pocas semanas de afrontar.
Cables al exterior, indicando que un equipo regional de un país, que inclusive sale perdedor del campo, es agredido a piedra, no es la mejor forma de publicitar la hospitalidad, la cultura, el espíritu cívico de una ciudad.
Colombia será la CASA del balompié mundial por lapso de un mes. Y a esa CASA están invitados 23 países de diversos continentes. Los vamos a acoger o los vamos a tratar -como el balón- a las patadas ? Al menos por un mes, las personas de bien debemos poner a raya a los cafres que tratan de enlodar, internacionalmente, el buen nombre del país.
No más asesinatos por vestir la casaquilla del equipo rival, no más pedreas a los jugadores, no más guijarros en los estadios al ejecutar un tiro de esquina, no más coros y cánticos de agravios al adversario. Será difícil salir campeones (en vista de los recientes resultados) pero al menos ganemos el título de país de gentes nobles y generosas.
Tobías Carvajal Crespo
Febrero 25-2011