Estados Unidos, después de la renuncia de Colombia, tuvo la firme intención de celebrar el Campeonato Mundial de Fútbol (mayores) de 1986, sede que finalmente perdió con México, país que ya había albergado tal certamen en el año 1970. Pese a contar ya el gran país del norte, para ese entonces, con ‘relacionistas’ de la talla del brasileño ‘Pelé’ y el alemán Beckenbauer, esa aspiración no pudo concretarse. Se hizo realidad ocho años más adelante, en 1994.
Contra el deseo norteamericano de celebrar el Mundial de hace un cuarto de siglo atrás, también conspiró la ‘amañada’ interpretación que la dirigencia deportiva de esa nación pretendía dar a las centenarias normas o reglamentos de la FIFA. Entre otras cosas consideraban que el ‘offside’ interrumpía el espectáculo y por ello para sus partidos domésticos establecieron, a partir de 1977, que esa falta podía ser cobrada después de cruzar el jugador adversario una raya trazada a 35 metros del arco contrario.
Otra innovación que causó asombro en la máxima rectora del balompié fue suprimir el empate en los partidos. Sostenían los dirigentes gringos que los aficionados consideraban muy aburridos los juegos con empate. Aseguraban, por ejemplo, que las apuestas quedaban pendientes. Muy posiblemente estas dos herejías norteamericanas influyeron en la determinación de no otorgarles la sede mundialista del 86.
Y a propósito de las reglas de la FIFA, bien vale la pena hacer memoria de algunas de ellas. Las más antiguas reglas del fútbol conocidas datan de 1815 (estamos a cuatro años del bicentenario de las mismas) y su autoría histórica corresponde a la Universidad británica de Eton. Entre esa lejana referencia y 1976, año en el cual se establecieron las tarjetas amarillas (amonestación) y roja (expulsión), son muchos los cambios establecidos. Veamos algunos:
La primera regla del famoso ‘offside’ se estableció en 1866 (145 años de vigencia) la cual determinaba la presencia de tres (3) oponentes -en decir en plan defensivo- entre el jugador atacante y la portería. En otras palabras portero y dos zagueros. Bien complicado concretar un gol en tales circunstancias. Casi 60 años después, en 1925, luego de largas deliberaciones la FIFA aceptó, como mínimo, la presencia de dos jugadores defendiendo. Esa norma rige actualmente.
En nuestro tiempo, algunos aficionados son partidarios de abolir el ‘offside’, mientras otros no aceptan el más mínimo cambio en este aspecto.
Continuando con las normas, bueno es recordar que las primeras porterías eran dos palos enclavados en tierra sin mayor técnica. Hacia 1865, también con origen en la Gran Bretaña, cuna del fútbol, se estableció una cinta que unía ambos palos por la parte superior, a una altura de 2,40 metros, la cual definitivamente se fijó en 2,44 metros por 7,32 metros como lo advertimos hoy en todos los estadios del mundo. En 1875 (es decir 136 años atrás) la cinta se sustituyó por una vara cuadrada (el horizontal). Los tres palos, inicialmente cuadrados, propensos a original graves accidentes, fueron reemplazados hacia 1975 por los tres maderos en forma redonda. Ese pequeño cambio definitivamente influyó en el número de goles obtenidos, dependiendo de la dirección del pelotazo, al pegar en alguno de los postes.
En 1869 se estableció el cobro de los tiros libres y en 1878 se implantó el arbitraje para regular el juego. Cuatro años más tarde, en 1882, se formalizó el saque de bandas a dos manos y en 1890 se comenzó a usar la red en las porterías.
Hacia 1891 se fijó el tiro penal como máximo castigo en el fútbol, junto con la expulsión. Surgió, igualmente por primera ocasión, la presencia del árbitro central y dos jueces de línea. A comienzos del siglo pasado (en 1905 y recién fundada la FIFA) se fijó claramente la norma según la cual, el portero debe permanecer bajo los tres palos, al momento de ejecutarse un tiro penal.
Una norma que se implantó y rápidamente fue desechada fue una que laboriosamente se abrió pasó en 1935, consistente en tener dos árbitros en el campo de juego. Esa norma se mantiene, pero ya se autorizaron dos jueces auxiliares (uno al lado de cada portería) para legislar sobre situaciones confusas dentro de las porterías, caso el legítimo gol anulado por el juez uruguayo Jorge Larrionda en el último Mundial.
En 1951, poco después del Mundial de Brasil-50, se autorizó la utilización de balón blanco y para el Mundial de 1966, en Inglaterra, el balón de color anaranjado. Un año antes -1965- se había aceptado, a nivel internacional, la sustitución de un jugador por motivo de lesión y al año siguiente la misma sustitución por cualquier motivo.
Tobías Carvajal Crespo
Mayo 26 de 2011