Digno de todo elogio el trabajo editorial de la Alcaldía de Cali, al publicar el libro titulado ‘Un Nuevo Latir del Pascual’ el cual relata en 239 páginas a todo color, dentro de una caja tipográfica de 0,30 x 20,5 cms -pasta dura- todo el proceso de modernización de este escenario, al extremo de quedar, quizás, como el mejor de todo el país.
Haciendo referencia al contenido -reiteramos que magnífico- en la página 14, al hacer alusión histórica al año 1971, el texto dice a la letra:
“A partir de 1971 el estadio se reestructura para adaptarlo a las normas olímpicas de la época y se construye una pista atlética con ocho carriles en tartán sintético, foso y espacios para la realización de pruebas de lanzamiento de bala y martillo, salto largo y salto con garrocha. Se amplía la capacidad para alojar hasta 45 mil espectadores y se le adiciona iluminación nocturna y tablero electrónico para anuncios. La Unidad Deportiva San Fernando pasa a formar parte de la Unidad Deportiva Panamericana, sede en 1971 de los VI Juegos Panamericanos”.
Con las debidas excusas a la dirección de este trabajo -doctores Julián Alberto Toro Arzayús y Juan Felipe Cadavid Vásquez- e igualmente al Comité Editorial que al parecer contó con el aporte histórico del señor Jorge Gutiérrez Leyva es preciso hacer algunas precisiones, para que los errores publicados no hagan carrera histórica.
Desde 1937, cuando se inauguró el estadio ‘Pascual Guerrero’ siempre ha existido una reserva de terreno, alrededor del campo de juego, para la pista atlética. A partir de los VII Juegos Atléticos Nacionales de 1954, se hicieron técnicas adecuaciones para TODAS las competencias atléticas que no requieren de la pista propiamente dicha, caso jabalina, disco, garrocha, etc. Tan cierto es ello, que el estadio fue la sede de todas las pruebas atléticas de los citados Juegos. Y años más tarde, entre junio y julio de 1963 del Campeonato Suramericano de Atletismo, XXII de varones y XII de damas, donde la afición de Cali y el Valle tuvo ocasión de ver a figuras como el argentino Juan Carlos Dyrzka, el venezolano Hortensio Fusil y la chilena Marlene Arhens entre los más notables, exhibiendo sus condiciones en todas las modalidades del deporte reina. El formidable ex atleta y arquitecto Jaime Aparicio, portado de la ‘llama olímpica’ en aquella ocasión, lo tiene muy presente.
Lógicamente, en los eventos que venimos de citar, se utilizó pista atlética de carbonilla. Ésta se modernizó para los Juegos Panamericanos de 1971, recubriéndola con el material sintético conocido como tartán.
La iluminación para partidos o actividades NOCTURNAS en el mismo estadio, se inauguró la tarde-noche del 7 de agosto de 1951 (primera gran remodelación de este escenario) con la programación denominada ‘Día Olímpico’. América y Deportivo Cali fueron los primeros equipos en jugar con luz artificial. Ganó el Cali por 1-0, por autogol del equipo de los ‘Diablos Rojos’. Gran gestor de esos trabajos fue el entonces gobernador del Valle, el médico palmirano Antonio Lizarazo Bohórquez.
La evidencia de tal servicio de iluminación nocturna consta precisamente en la espléndida foto en blanco-negro de las páginas 12-13 del mismo libro (panorámica del estadio entre 1959-1960, aproximadamente, a juzgar por las reformas), donde se aprecian, especialmente sobre el costado de oriental, los tres altos postes que sostienen los reflectores. Igual en el costado occidental. Cuando se iniciaron las reformas para los Juegos Panamericanos de 1971, parte de esa estructura de iluminación se traslado al Parque Panamericano (frente a las piscinas) para seguridad del sector.
Y en cuanto al tablero electrónico, existió (claro que jamás con la tecnología de hoy) desde la primera gran remodelación del estadio entre 1952-54. Se ubicó sobre la parte norte del estadio -primer nivel de las tribunas-. Entre finales de 1961 y parte de 1962, se construyeron los segundos pisos o niveles, tanto en norte como en sur. En el costado norte, parte más alta se instaló una vez más el tablero, digamos que ‘electrónico’ de la época.
No es posible olvidar aquel famoso tablero donde relucía, debajo del inmenso reloj que contabilizaba el tiempo de juego, la palabra ETERNA. A un costado, por estar fundidos algunos focos, en ocasiones era bien difícil leer los resultados futboleros de otras plazas del país.
Esta es la realidad histórica.
Tobías Carvajal Crespo
Agosto 16 de 2011