Después de la llegada al país el pasado miércoles del señor Joseph Blatter, la primera gran noticia la proporcionó ayer viernes, cuando en rueda de prensa manifestó: “Colombia está PREPARADA para la gran Copa Mundo de FIFA, pero de momento deberá esperar hasta el 2026, porque las sedes de los años 2014 (Brasil), 2018 (Rusia) y 2022 (Quatar) ya están asignadas”.
Una declaración, posiblemente de muy buena voluntad, que ni el mismo dirigente suizo se la cree. Y para completar el dirigente criollo Luis Bedoya lo respaldó diciendo: “Colombia tiene cómo hacerlo…”
Y bastó que el señor Blatter soltara semejante frase, para que las altas dignidades del fútbol colombiano ya empezaran a pensar en la integración de un Comité Pro-Sede del Mundial 2026. Definitivamente aquí tenemos los pies bastante, pero bastante lejos de la tierra.
Claro que Colombia entera, como lo asevera el señor Bedoya “tiene cómo hacerlo”. En Colombia sobra afición para batir el récord de asistencia a un Mundial de mayores, sobra sentido cívico para acoger a las delegaciones y turistas que pudiesen visitarnos con motivo de tan magno certamen, pero hechas esas dos salvedades, estamos en materia de infraestructura, muy lejos de cumplir con las exigencias de la FIFA, entidad a la cual, entre otras cosas, rendimos pleitesía al momento de lograr una sede, pero de la cual denigramos en pleno desarrollo del torneo adjudicado -y después del mismo- (como ahora ocurre) por el hecho de dejarnos con más y más deudas, mientras tal entidad se lleva el dinero recaudado en taquillas.
No es hora de pensar en cosas casi imposibles, comenzando por el hecho de no contar con absolutamente ningún estadio con la capacidad requerida por la FIFA para un certamen de mayores. Hay falencias en disponibilidad hotelera, aeropuertos, carreteras y demás ‘cositas’ que la rectora del balompié mundial exige, en forma perentoria, a la hora de la verdad.
Ya vivimos la experiencia hace 37 años (1974) cuando la FIFA otorgó la sede del Mundial 1986 a Colombia. El presidente de la época, Misael Pastrana Borrero aceptó la designación con bombos y platillos, mientras Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala se dedicaron durante los ocho (8) años siguientes a ‘mamarle gallo’, como se dice vulgarmente, al asunto, mientras el dirigente barranquillero Alfonso Senior Quevedo (todos cuatro ya difuntos) se desgastaba tratando de salvar la sede.
Al final de cuentas, el poeta Belisario Betancur Cuartas salió la noche del lunes 25 de octubre de 1982 a decirle al país y al mundo, al final de un comunicado de 99 palabras que: “Aquí tenemos otras cosas qué hacer, y no hay siquiera tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios. García Márquez (su incondicional amigo, que se mantiene en México y no en Colombia) -agregamos ahora- nos compensa totalmente lo que perdamos de vitrina con el Mundial de Fútbol”.
Un ‘oso’ mundial, después de ocho (8) años, cuatro (4) meses y 17 días de interminables vacilaciones. Con el dinero ahorrado, según dices, se ‘edificaron’ cientos de clínicas, centro de salud, y múltiples aulas escolares y universitarias. Algo exactamente igual a las grandes urbanizaciones de interés social que se erigieron atrás de las universidades a distancia.
Y esperamos ahora que el presidente Santos Calderón, por ganar más popularidad, no salga decir, por ejemplo, que Colombia está tan magistralmente preparada, que podría, para el próximo ´puente’ festivo del 12 de octubre, hacer el Mundial de mayores de 2026, anticipándose tres lustros a los acontecimientos.
La prioridad UNO-A de momento, es solventar el inmenso problema del técnico del seleccionado nacional de mayores, para comenzar por lograr volver a un Mundial después de las ausencias en 2002, 2006 y 2010. Estamos a menos de 60 días de la primera confrontación con Bolivia, en la altura de La Paz, y no se concretan rivales de fogueo para calibrar el equipo en el tiempo que resta, no se conoce la tentativa nómina de convocados (cada uno de ellos anda ubicándose económicamente lo mejor que puede en equipos, preferentemente del exterior) se ignora la sede o sedes de los partidos como local. Y todos tan satisfechos.
Ya veremos que dicen los ‘pontífices’ del fútbol colombiano la próxima semana, cuando estén silenciados los escenarios mundialistas, después del torneo Sub-20.
Tobías Carvajal Crespo
Agosto 20 de 2011