Definitivamente la fase clasificatoria a cada Mundial de Fútbol (por fortuna es cada cuatro años) se ha tornado para Colombia, en las últimas versiones, en un auténtico calvario, míresele por donde se le mire. Hace algún tiempo se dijo que el escenario IDEAL para el equipo nacional era el estadio ‘El Campín’ de Bogotá, para beneficiarse de la altura de la capital del país sobre el nivel del mar. Ello habría sido válido, si el conjunto hubiese estado integrado por jugadores residentes todos ellos en el país, como en antaño, amén de jugar en Millonarios, Santa Fe, Seguros La Equidad y Boyacá-Chicó, equipos habituados a jugar a más de 2.500 metros. En aquellos partidos la ‘famosa altitud’ sobre el nivel del mar perjudicó más a propios que a extraños.
Se ha vuelto a Barranquilla, la cacareada ‘Casa de la Selección’, enfatizando que el calor y la humedad del ambiente son factores claves en beneficio del conjunto colombiano, además del unánime respaldo del pueblo costeño. Tampoco ha sido ahora la ‘fórmula milagrosa’, pues los integrantes del equipo no actúan para Atlético Junior, Real Cartagena o los desaparecidos Sporting o Libertad. El ambiente de horno crematorio terminó perjudicando más a los dueños de casa que a los visitantes. Muestra evidente el partido Colombia frente a Argentina.
Con miras al inmediato futuro (entiéndase septiembre 7 del 2013, cuando Colombia vuelve a jugar de local frente a Uruguay, pues los dos partidos de junio son de visitante) debería pensarse más en el bien del onceno tricolor, antes que buscar ‘fórmulas’ extradeportivas que supuestamente perjudiquen y anulen al rival. Hoy en día no se gana de altitud mayor sobre el mar (frío) o a nivel del mismo (calor). Colombia, después del Mundial Sub-20, tiene plazas futboleras que pueden albergar perfectamente a la selección nacional y con resultados positivos.
Desde mucho antes de iniciarse la actual campaña eliminatoria, absurdamente programada por la FIFA, con recesos hasta de seis (6) y medio meses como el que se avecina y otro de cuatro (4) meses entre 2012 y 2013, largas travesías del Atlántico cada 60 ó 90 días para jugar dos partidos, ineficaces ‘concentraciones’ de 24 o 36 horas, etc., se dijo que la misma sería muy reñida, dado el relativo emparejamiento de fuerzas, entre los nueve (9) equipos en contienda, quizás con la solitaria excepción de Bolivia, que está quedando de ‘comodín’ para hacerle daño a algún equipo que encuentre mal planteado a futuro.
A Colombia le restan, para los años 2012 y 2013, seis (6) partidos de local y siete (7) de visitante. Total 18 puntos de local y 21 de visitante. En eliminatorias recientes, para poder clasificar al Mundial, así sea ‘raspando la olla’, se han requerido de 24 a 26 puntos. Es posible que dado el equilibrio de fuerzas (unos equipos ‘robarán’ puntos clave a otros) se logre superar el límite de clasificación con un puntaje menor.
Pero independientemente de lo anterior, ya Colombia con lo mostrado hasta ahora (y cambiando de sede como local para no ‘ahogarse’ por falta de aire o ‘deshidratarse’ en el calor) tendrá que ponerse ‘supremamente serio’ como local, es decir ganar y buscar de visitante dos o tres resultados muy favorables, con un equipo mejor dirigido y con más entrega, coraje y patriotismo en cada compromiso. De lo contrario estaremos haciendo el mismo papelón eliminatorio hacia Corea-Japón 2002; Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.
¡Qué contrariedad que cada cuatro años, desde las primeras fechas de la eliminatoria, estemos en las mismas: obrando más de culebreros de los números que gozando del éxito!.
Y definitivamente a nivel del fútbol colombiano, en sus dos categorías más importantes, Mayores y Sub-20, el año 2011 ha sido pobrísimo. Después de una inversión altísima en escenarios deportivos y logística, quedamos eliminados del Mundial Sub-20 por México, en la ‘aliada’ altura de Bogotá y ahora con déficit en las Eliminatorias.