La hoy tristemente denominada ‘industria’ del secuestro se remonta a muchos años, bien por motivos políticos o económicos. El sábado 24 de agosto de 1963 la crónica deportiva mundial se conmovió: en Caracas fue secuestrado el mundialmente famoso delantero argentino Alfredo D'Stéfano, pieza fundamental del equipo Real Madrid de España, en aquellos días de correría por varios países de América del Sur.
Pocas horas antes, los autores del secuestro, una organización armada conocida como FALN (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional)
habían obligado a una provisional suspensión del partido entre Real Madrid y Sao Paulo del Brasil, en el estadio Universitario de la capital venezolana, colmado con 35.000 aficionados. Después de graves disturbios, el juego se reanudó. Ganó el onceno brasileño por 2-1.
D'Stéfano fue secuestrado a las seis de la mañana, de la habitación 219 del Hotel Potomac, sin violencia alguna. En la recepción, los plagiarios se presentaron como agentes de la División de Narcóticos de la Policía Técnica Judicial, un recurso muy similar al utilizado en la actualidad para cometer este tipo de ilícitos.
Todo fue tan tranquilo, que el zaguero uruguayo José Emilio Santamaría, quien ocupaba la habitación siguiente a la del famoso jugador gaucho, no escuchó ruido alguno.
El secuestro de D’Stéfano, por aquellos días con 37 años cumplidos (nació el 4 de julio de 1926) produjo gran angustia a sus padres, Alfredo y Eulalia Helena, residentes en el Barrio Flores de Buenos Aires. Mientras tal cosa acontecía en la capital argentina, en Madrid, su hijo de sólo ocho años y también de nombre Alfredo, tuvo un amargo cumpleaños.
El secuestro, que duró 60 horas, fue ejecutado por el comando César Augusto Ríos, al mando de Máximo Canales y tuvo tendencia exclusivamente política: buscaban publicidad para las FALN en su lucha contra el régimen del Presidente constitucional de Venezuela, Rómulo Betancourt.
Tranquilícense queridos padres y querida Sara (su esposa) . Estoy bien. No me ha pasado nada. Escribió D’Stéfano desde su cautiverio. El mensaje fue divulgado por una voz femenina que hablaba a nombre de los secuestradores.
Durante la retención del astro argentino, se movilizaron por toda la capital venezolana 500 detectives. La edición del diario Clarín de Buenos Aires, de tendencia izquierdista, fue recogida casi en su totalidad, porque incluía una entrevista con Máximo Canales, en la cual relataba todos los detalles del sonado caso.
A las tres y cuarto de la tarde del 26 de agosto, Alfredo D’Stéfano fue liberado en una céntrica calle de Caracas, a pocas cuadras de la Embajada de España, su país de adopción.
No sé dónde me tuvieron. Me pusieron una venda en los ojos cuando me sacaron del hotel y me llevaron a algún edificio, en donde me encerraron en un dormitorio. Me trataron bien. Fue lo primero que manifestó el artillero del Real, al verse libre y de nuevo entre los suyos.
Lo acontecido a D'Stéfano
trajo a la memoria el secuestro del cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, el también argentino Juan Manuel Fangio, secuestrado un lustro atrás por miembros del movimiento revolucionario 26 de Julio, organización que llevó al poder, en la isla de Cuba, a Fidel Castro, a comienzos de 1959.
La liberación de D'Stéfano se celebró en toda España con inmenso júbilo. El recibimiento al Real Madrid en el aeropuerto de Barajas fue emotivo. El equipo merengue de 1963 tenía como Presidente al siempre recordado Santiago Bernabeu (fallecido varios años después) y en la Vice-presidencia al notable hombre del deporte hispano, Raimundo Saporta. El director técnico era José Legido.
Alfredo D'Stéfano, después de jugar en Millonarios de Bogotá por lapso de cuatro años, hizo su estreno en las toldas del Real Madrid, el 23 de septiembre de 1953.